No parecíamos estudiantes, eramos personas, la verdadera humanidad. Alrededor de su foto, reunidos al contorno de las llamas candentes y de la música que cubría nuestro dolor. La endereza es impensable, no sé cómo su hermano ha podido ser tan valiente de venir a despedirse de él. Las lágrimas caían solas, no hacía falta decir nada, el silencio y la lluvia lo decía todo.
Con paraguas, cubriendo una despedida que no queremos que llegue, le decíamos hasta pronto. Que algún día lo volveremos a ver, como si esto no fuese más que una horrible pesadilla.

Mis palabras no son comparables a lo que he visto hoy. Personas destrozadas, gente derrumbada, sufrimiento a flor de piel.
Aquí nadie te olvida, te lo prometo.
Ráfagas al cielo, compañero, ráfagas de vida.
Yu. Tejido hecho jirones #1.3








