Volutas pasajeras


Get your own Digital Clock

lunes, 8 de febrero de 2010

Ráfagas al cielo

No lo conocía, ni siquiera sabía nada de él. Saber que una luz se apaga y la lluvia consuela su muerte. Si para mí es difícil, para los demás, no quiero ni imaginármelo.

No parecíamos estudiantes, eramos personas, la verdadera humanidad. Alrededor de su foto, reunidos al contorno de las llamas candentes y de la música que cubría nuestro dolor. La endereza es impensable, no sé cómo su hermano ha podido ser tan valiente de venir a despedirse de él. Las lágrimas caían solas, no hacía falta decir nada, el silencio y la lluvia lo decía todo.

Con paraguas, cubriendo una despedida que no queremos que llegue, le decíamos hasta pronto. Que algún día lo volveremos a ver, como si esto no fuese más que una horrible pesadilla.



Mis palabras no son comparables a lo que he visto hoy. Personas destrozadas, gente derrumbada, sufrimiento a flor de piel.

Aquí nadie te olvida, te lo prometo.




Ráfagas al cielo, compañero, ráfagas de vida.


Yu. Tejido hecho jirones #1.3

domingo, 7 de febrero de 2010

Chispas

Ya no me acordaba de que era tener una sonrisa. Da gusto volver a saber que puedo seguir. No todo es fácil, eso ya lo sé bien; pero qué más da si ahora sé que puedo continuar andando.

Me sigue costando expresarme, me sigue costando ir tintando el camino con llanuras y planícies. Al menos, las tinieblas se espesan, se divergen entre ramilletes y callejuelas. Las sombras ya no son más que eso, oscuridad latente que no puede cerciorarse sobre mí, está estancada en el suelo, por debajo de mis pies.

Me levanto con las pupilas inflamadas, con un rojo candente. Sigo creyendo que despertarme no me trae buenas consequencias. Pero ahora, puedo despojarme las lágrimas y burlarme de todo lo demás. Soy capaz de alzarme y de gritar un aullido esperanzador.



Como una dinamita, la mecha está empezando a arder con pequeñas chispas de color.

Ya no quiero ser víctima ni verdugo. Sólo la valentía del dañado y la fuerza del criminal.




Está comenzando a amanecer.

Yu. Tejido inmediato #1.1

viernes, 5 de febrero de 2010

Hendidura

Tú no sabes nada. No vas conmigo. A penas sabes como soy, no decidas por mí. Deja ya de matarme las ilusiones, deja de afilar el cuchillo, déjalo ya. No tienes ni idea de mis intenciones. Caminas sujetándome con una correa y yo ya hace tiempo que he echado a correr. Tu silencio cortante me resbala, paso de que me afecte una corriente en blanco y negro.

No te ciegues por la experiencia, no cierres puertas entreabiertas. Yo sé que tú lo has pasado mal, pero yo, ahora, estoy más allá. Para de intentar proclamarte ganador, sólo te refugias en una ganancia fallida. Guárdate las palabras hirientes. No desistas en aplastarme, pues ya hace mucho que no tengo dimensión. Si te crees un verdadero rey, cómete tu supremacía. No eres más que un dictador que quita las últimas estelas que me quedan en el corazón.

Sabes que duele, y aún así, vuelves a arremeter. Me avasallas a preguntas hipócritas y me das respuestas tajantes. No dejas que me exprese, te nubla la vista tu sabiduría y tus odiosas manías. Con el tiempo borraré tus crímenes. Me iré de aquí, tratando de escapar de un presente demasiado duro.



No te imaginas lo qué he visto y qué pienso de vosotros. No te puedes hacer a la idea de cómo se me presenta el día a día. Y cuándo más lo hecho en falta, cuando más lo necesito, llegas tú arrebatándome mis últimas palabras y insultas mí fragilidad. Te pasas la mañana borrándome de tu mundo y luego quieres que vuelva a él. Deja ya de robar, deja ya de creerte mejor, deja ya de intentar aparentar algo más que un peón. Ponte a escuchar de una vez, pon atención a tu alrededor, porque no eres el único, no estás solo en este mundo.

Deja de creer que soy inferior. ¿Por qué sabes?, yo no pienso dejar que me maten.




¿Quiéres jugar? Cuidado, ahora me toca mover a mí.

Yu. Tejido airado #1.0

jueves, 4 de febrero de 2010

Ausencia

Los días melancólicos son de lo peor. Nos ponemos a mirar por la ventana, dejamos las horas pasar y escuchamos la canción más triste que tenemos.

Yo me pongo a anotar mis ideas. Subrayo las preocupaciones y tacho las incorrecciones. Reprocho mis palabras, rehuso de ellas. Con la mirada lacia y los ojos manchados de tinta, ahogo mis penas.



A veces me tumbo en la cama y me doy media vuelta. Miro al techo y le sonrio, ausente. Entonces sueño con tener lo que me priva, alargo la mano para alcanzar una imagen evanescente y desisto para regresar a la nostalgia.

En silencio, ingiero la marea. Me llevo la mano al pecho, lo agarro fuertemente y cierro la palma. Atranco los ojos y apreto con fuerza para que dejen de gotear. Abrazo a mi peluche y él, sin saberlo, me transmite ese algo que me falta. Un suspiro de esperanza.



Arlequín en prácticas.

Yu. Tejido evanescente #1.3

miércoles, 3 de febrero de 2010

Inmersión

Le dio unos breves golpecitos a la pecera. Los peces, ni se inmutaron. Nadaban arriba y abajo, haciendo pequeñas carrerras a través del jarrón en ruinas y las algas, que vibraban con su contacto.

Denís se cruzó de brazos. No le gustaba que esos animales estuvieran atrapados a consciéncia y que ni ellos mismos supieran que el mundo exterior era mucho más bonito que su cárcel aquática.



Enfurruñado, cogió una bolsa de plástico, y vertió a los pequeños pececitos dentro del macuto improvisado. Sonrió con ilusión y hizo un nudo. Las diminutas fieras golpeaban la bolsa como autómatas. Ahora, los tres peces se encontraban en cautividad dentro de ésa cosa transparente.

Denís llegó al puente que cruzaba el río. El olor a hierba mojada le animó aún más a hacer lo que tenía en mente. Sacudió la bolsa y la empujó levemente con los dedos. Los miró con envidia. Denís alargó el brazo y vació la bolsa mientras los peces caían con apuro. Se despidió de ellos con una gran sonrisa y se echó a caminar a paso agigantado. Ese día estaba feliz.




Dos de ellos, no aguantaron la primera hora, el tercero, el más chiquitín, nadaba a contracorriente.

Yu. Tejido que para algunos es deconocido #1.1

martes, 2 de febrero de 2010

Calles con ironía

Deslizó sus dedos por el cable de los auriculares. Los tenía al máximo volumen para distraerse, para centrarse en su mundo y dejarse llevar. La música relajaba tensiones, le hacía volar y proyectaba imagenes de ensueño.



De nuevo, aquella manía de mirar a la gente. Sentados en un portal, una pareja se besaba casi con ánsia. Sus manos distraían los flecos desmañados que levitaban con tanto alboroto.

Sonrió cabizbajo.

Un fervente matrimonio salió a su paso, discutiendo en voz alta y con aires de divorcio. Pasaron con una aura de desconcierto y frialdad.

Dejó los ojos en blanco. Odiaba las peleas.

De la panadería salía una madre con su hija. La pequeña niña estiraba a su madre del brazo, con apremio. Ésta, le dirijía una tierna mirada y le acariciaba su cabezita.

Les siguió con la mirada unos segundos, hasta que desaparecieron.

Sintió un pequeño escalofrío al reconocer a otro de esos mendigos que pedían limosna. Rebuscó en el bolsillo trasero de su pantalón y sacó una moneda de cinco céntimos; no tenía más. Miró al señor que estaba tendido con la ropa hecha jirones. Le dio vueltas a la moneda y se decidió a tirarla al plato que el vagabundo hacía servir como recolecta.

Se quedó mirando la moneda voltear. Cuando cayó, bajó un poco la cabeza y se fue dando pasos cortos.

A su lado, pasó una muchacha que parecía muy ajetreada. Se chocaron levemente y el chico le pidió perdón. La joven, aún pensando en sus cosas, le devolvió las disculpas y se apresuró a correr.

No le quedó más remedio que moverse, pues el chico se había quedado plantado allí durante más de cinco minutos.

Suspiró, casi como si hubiera recorrido toda España ese mismo día.




Ahora, la muchacha recuerda su imagen, esperando volver a tener prisa para volver a encontrarse con él.

Yu. Tejido imperceptible #1.1

Retazos del ayer

Retazos del ayer