Me sigue costando expresarme, me sigue costando ir tintando el camino con llanuras y planícies. Al menos, las tinieblas se espesan, se divergen entre ramilletes y callejuelas. Las sombras ya no son más que eso, oscuridad latente que no puede cerciorarse sobre mí, está estancada en el suelo, por debajo de mis pies.
Me levanto con las pupilas inflamadas, con un rojo candente. Sigo creyendo que despertarme no me trae buenas consequencias. Pero ahora, puedo despojarme las lágrimas y burlarme de todo lo demás. Soy capaz de alzarme y de gritar un aullido esperanzador.

Como una dinamita, la mecha está empezando a arder con pequeñas chispas de color.
Ya no quiero ser víctima ni verdugo. Sólo la valentía del dañado y la fuerza del criminal.
Está comenzando a amanecer.
Yu. Tejido inmediato #1.1




