"Yo soy el monstruo de tu cabeza.
Y yo que pensaba que había aprendido.
Parece que todavía no.
Yo soy el veneno de tu piel.
Y ahora todo se rompe.
Todo llega cuando las luces se van."
Me pasa, que un día, aun con las cosas estando de la misma forma, lo veo todo de manera diferente. Es como una especie de distorsión.
Ayer, por ejemplo, me levanté con la cabeza en su sitio, bien amueblada y con ganas de patear la vida. Hoy, en vez de querer pisar fuerte, tengo una sensación como de vacío.
Y todo se basa a recuerdos y pensamientos que siguen centrifugándose.
Me he parado a pensar si vale la pena lanzarse sin saber que hay al otro lado. Tengo días así. Es una pequeña dosis de adrenalina que me la inyectan estando dormido, a ritmo respiratorio. Puede que no salga bien lo que tengo en mente, pero quizás es lo único que me salve de este mal sabor de boca. Tengo unas ganas irremediables de escupir.

Hay miedo oprimiéndome la salida. A veces sí, a veces no. Ya os lo he dicho, es una percepción que viene y va, me es imposible controlarla.
Seguramente mañana tenga ganas de comerme el techo cuando abra los ojos. Todo se fundamenta en esas emociones que circulan por carreteras vedadas. Y es que esas emociones matan.
Me guste o no, hoy tengo ese cabreo confuso que hace que me entren ganas de arrugar bien fuerte todo lo que toque. Todavía sospecho que hay un diminuto monstruo en mi cabeza que me va suministrando pequeñas cantidades de veneno a cada paso que doy.
No debería permitírselo.
Yu. Tejido imperceptible #1.2






