Volutas pasajeras


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viernes, 12 de marzo de 2010

¿Dónde se escondió el rayito de sol?

Mientes cuando dices que el sol saldrá mañana.
Mientes cuando te empeñas en tornar oscura una masa de sombras.
Mientes cuando dices que la luz se apagó y yo no fui más que un interruptor.


Cuando te quieres comer al mundo y éste te engulle casi sin darse cuenta, cuando estás apunto de olvidar que puedes conseguir lo que te propongas y viene un vendabal silbándote que confies en ti, cuando sientes que puedes llegar a más, cuando te sientes casi lleno... todo vuelve a empequeñecerse y quedarse en una desilusión. Si todo fuese más fácil.     
   
Y entonces es cuando te das cuenta que unas fuertes cuerdas se enredan por todo tu cuerpo, atándote de manos y pies, impidiendo que te zafes. Éstas se pegan en tu cuerpo como si de una tela de araña se tratase, atrayéndote a un color azabache, el más opaco existente, haciéndote recordar una mala sensación. Pataleas, lloras e incluso chillas, pero nadie tiende su mano y esas cuerdas pueden con tus gritos. Odias revivir esa sensación y luchas y luchas...

Crees no poder más. Tu voz se consume dentro de ti y no logras ni murmurar. Quieres, lo deseas, anhelas poder hablar, necesitas dar tu opinión y poder sentirte un igual. Allí, a lo lejos, como todos los demás, alguien hay, lo sabes, lo intuyes, lo piensas. Y en ese mismo instante esa persona piensa en ti, un instante infinito que para ambos pasa desapercibido, pero que cruza las fronteras y arroja al abismo las cuerdas que te ahogan.

Y en un vacío infinito, das un pequeño paso descalzo sobre la nada, dibujando bajo tu pie un pequeño escalón. Adelantas otro paso y otro pequeño escalón aparece, contiguo al anterior. Llámalo esperanza quizás, pero algo aparece en el rostro demacrado que chillaba ayuda, una fina línea curvada afectando a los labios, convirtiéndolo en sonrisa.
Por simple curiosidad, miras atrás, aún temeroso por que los remordimientos te ataquen, pero sólo consigues distinguir una gran escalera recorrida y construida por tí mismo.

Y es cuando dejas de andar y te echas a correr. Por que ya no tienes miedo, por que todo va a salir bien. Aunque sin barandilla resbalas, ves recorrer todos los escalones en un remolino que te absorbe y desintegra la única salida que intentabas lograr. Al fondo, escuchas unos pies zancar cada obstáculo, saltando de dos en dos y auxiliando tu caída. Estás sordo, no escuchas ese rumor, no puedes levantarte y arrastrarte hasta el final. No puedes más, no lo soportas...

Justo en medio de ese torbellino, una mano, conocida para tu subcosciente, penetra el muro de hormigón que forma el infinito torbellino donde estás encerrado e intenta dar contigo, aferrar tu mano y sacarte de esa espiral mortal. Pero no consigue dar con tu cuerpo, no consigue aferrar tu mano y se desvanece como espejismos en el desierto.

Pedazos efímeros que rompen tu endereza y lapidan tu voluntad. Es entonces, cuando en las tinieblas, justo al final de ese bucle sombrío reaparece un fino rayo de sol. Comienzas a anegarte en lágrimas.
        
Ahogas palabras mientras lágrimas desbocadas abordan tus ojos y humedecen tus mejillas. Es anelo lo que sientes, es esperanza lo que recuerdas y es cariño lo que necesitas. Ese rayo de sol traspasa el torbellino e impacta sobre tu cara; vamos, sonríe aunque sea una última vez.

Y lo haces, sin costarste nada, como en los viejos tiempos. ¿Podrás aguantarlo un poco más? Sólo intentalo y continua así, porque algún día ya no te acordarás de que tienes que forzar tus mejillas, pues la misma sonrisa pedirá que la calmes de tanto reír.

Buscar la luz no sirve de nada, pues hay que vivir con cada rayito que despegue de nuestros labios.




¿Dónde se escondió el rayito de sol? Está debajo de las escaleras.

YuBu. Tejido entretejido #1.0

6 comentarios:

  1. Un texto impresionante cargado de realimos. Me encantó. Me identifico con cada palabra escrita.

    Un besito de ensueño =)

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  2. Muy triste pero demasiado real.
    Espero estes bien ya que hace tiempo que no te leo.

    Besos!

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  3. No sé cómo, pero la última frase resume toda la concordancia, toda la tristeza consumada y directa del texto, e incluso la embellece. O tal vez le da cierta inocencia.

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  4. Buen relato, escribes bn sabes? me gusta...
    cdt saludos

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  5. I-M-P-R-E-S-I-O-N-A-N-T-E

    BESOS DESDE FRANCIA!

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